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Comisión de Ciudadanos en Pro de los Derechos Humanos

La Iglesia y sus feligreses se destacan por ser
defensores activos en el campo de los derechos humanos. Los Cienciólogos
que se comprometen a las Metas y al Credo de la religión (y
todos lo hacen) se encuentran instintivamente opuestos a los que abusan
de su poder o dañan al inocente y al débil. Además,
el Credo de la Iglesia declara que la cura de los males causados mentalmente
no debe enajenarse de la religión o tolerarse en campos no
religiosos.


Ya en 1950, L. Ronald Hubbard había sacado a la luz
los salvajes abusos que estaban sucediendo en el campo de la curación
mental, un campo en el cual los psiquiatras dependían del electrochoque,
la lobotomía, y poderosas drogas que doblegan la mente para
controlar el comportamiento humano en nombre de la ayuda. Tampoco
les tomó mucho tiempo a los Cienciólogos darse cuenta
de que era dañino clavar un punzón o aplicar miles de
voltios de electricidad al cerebro, o de inundar el cuerpo con drogas
psicotrópicas (drogas alucinógenas y tranquilizantes
que afectan la actividad mental), y que esta parodia de ayuda era
nada menos que una traición del peor tipo.

Asimismo, lo que pronto se hizo obvio fue que
la psiquiatría no disponía de métodos comprobados
para justificar los miles de millones de dólares en fondos
que los gobiernos vertían en sus arcas. Pero quizás
debido a estos mismos dólares, era también un campo
que rehusaba instituir reformas o aceptar responsabilidad por sus
acciones.

Los Cienciólogos se convirtieron en críticos
abiertos de estos abusos de los indefensos y, para mediados de los
años 50, se habían movilizado para derrotar a lo que
se llamó "el Decreto de Siberia". Oficialmente llamado
el Decreto de Salud Mental de Alaska, se trataba del intento por parte
de la psiquiatría de establecer un campo tipo Siberia de unas
cuatrocientas mil hectáreas para pacientes de salud mental
en Alaska, lejos de los inquisitivos ojos de los ciudadanos que creen
en el libre albedrío. Incorporado en el decreto se encontraba
un "procedimiento de confinamiento simplificado".

Un Congreso no muy alerta aprobó el decreto
unánimemente en enero de 1956, pero una monumental campaña
de los Cienciólogos y grupos en pro de los derechos civiles
logró inhabilitarlo.

Los Cienciólogos continuaron protestando,
pero para 1969, era obvio que las reformas autoimpuestas por la psiquiatría
en este campo nunca se realizarían. (De hecho, había
un resurgimiento de las prácticas más nocivas, y se
estaban desarrollando drogas nuevas y más poderosas, tan rápidamente
como se podían patentar). De ahí que la Iglesia formalizara
su oposición y formara la Comisión de Ciudadanos en
Pro de los Derechos Humanos (Citizens Commission on Human Rights,
"CCHR"). Con su sede en California, la CCHR ha crecido,
y en la actualidad cuenta con 118 afiliadas en 27 naciones. Por más
de 25 años, las CCHRs han expuesto con éxito los asesinatos
psiquiátricos, el fraude hospitalario, el abuso sexual y las
condiciones inhumanas en las instituciones mentales, y han jugado
un papel clave en hacer que se apruebe una legislación que
proteja los derechos civiles de los pacientes de enfermedades mentales.

En los años 70, la CCHR proporcionó
documentos y testigos a legisladores de California que condujeron
a la divulgación de más de 100 muertes no reportadas
en dos instituciones psiquiátricas del Estado.


Una indagación, llevada a cabo por la CCHR durante 10
años, del hospital psiquiátrico Chelmsford en Sydney,
Australia, reveló que decenas de pacientes habían muerto
debido al "sueño profundo", un estado comatoso inducido
por drogas durante el cual se administraba el electrochoque. Después
de una encuesta por una Comisión Real, se realizaron extensas
reformas de la industria de la psiquiatría en Australia, incluyendo
la prohibición de la "terapia" de sueño profundo.

En Italia, varias instituciones mentales descritas
por los medios de comunicación como "peores que los campos
de concentración en donde los pacientes no vivían mejor
que los animales" se han clausurado gracias a los esfuerzos de
la CCHR. Y en los Estados Unidos, la CCHR ha contribuido a una legislación
que cataloga como crimen la violación psiquiátrica en
más de una docena de estados.

En los 25 años desde sus inicios, la CCHR
ha llegado a ser reconocida como enemiga implacable y efectiva del
barbarismo psiquiátrico en muchos países, desenmascarando
con éxito los abusos psiquiátricos y exigiendo reformas.

Un informe de las Naciones Unidas publicado en
1986 sobre el tema de los derechos humanos de los pacientes de enfermedades
mentales declaró: "La CCHR ha sido responsable de muchas
importantes reformas. Gracias a las acciones de CCHR, se han anulado,
por lo menos, 30 decretos por todo el mundo, que de otra manera habrían
impedido aún más los derechos de los pacientes de enfermedades
mentales, o le habrían dado poder a la psiquiatría para
confinar, contra su voluntad, a individuos o grupos minoritarios".

Debido a los esfuerzos de la CCHR, las Naciones
Unidas por fin adoptaron una carta universal de derechos para los
pacientes de enfermedades mentales en diciembre de 1991. Hizo un llamamiento
a todas las naciones para que restablecieran los derechos humanos
"por medio de las medidas apropiadas de tipo legislativo, judicial,
administrativo, educativo y de otra índole".

Si bien éste fue un paso significativo
hacia adelante, la CCHR continuará asegurando que se haga justicia
cuando ocurran violaciones de estos derechos humanos básicos.

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