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Existen muchos argumentos
relacionados con el hecho de si Dianética es un arte o una
ciencia, es humanidad o un fraude, pero esto nos preocupa poco, pues
estaríamos en un juego de palabras. Dianética es lo
que es, y en general, pudiese ser resumida por la descripción,
el entendimiento del hombre. No nos preocupa si es o no
una ciencia. No nos preocupa si se cataloga debidamente bajo aventura
o misterio. Sí nos preocupa si se promulga o no, y que por
donde pase, termine la esclavitud. La mente que se entiende a sí
misma, es la mente de un hombre libre. Ya no es una tendencia a una
conducta obsesiva, cumplimiento sin pensar, insinuaciones encubiertas.
Está en casa en su ambiente, no es un extraño. Es el
que soluciona los problemas y el que hace los juegos. La mente que
está esclavizada es una mente débil. La mente que está
libre, es una mente poderosa, y todo el poder que hay se define por
la libertad y se mantiene con ella.
¿Por qué
debe saber algo sobre su mente? Una pregunta de una magnitud similar
sería: ¿Por qué debe vivir? Un
escritor de ciencia ficción concibió un mundo compuesto
en su totalidad de máquinas, compuesto al punto de que las
máquinas eran reparadas por otras máquinas, quienes
a su vez eran reparadas por otras máquinas, y así
continúa el círculo hasta que las máquinas
sobreviven. Él escribió su historia basada en la creencia
más profunda del físico nuclear de que sólo
hay una máquina, que el hombre proviene de alguna combustión
espontánea de lodo, que el alma no existe, que la libertad
es imposible, que todas las conductas son respuesta a un estímulo,
que el pensamiento causativo no existe. ¡Qué mundo
sería! Y bien, este mundo, este patrón, es la meta
de los que crean la esclavitud.
Si cada hombre se deprimiera
por su propia libertad al punto de que se creyera una pieza de una
gran máquina, entonces todas las cosas estarían esclavizadas.
¿Pero entonces quién estaría ahí para
disfrutarlas? ¿Quién si no habría ganancia?
No el que crea la esclavitud, porque sería el primero en
caer. Él caería ante su propio mecanismo. Él
recibiría una dosis de su propia medicina. ¿Cuál
sería el propósito de este mundo de máquinas?
No habría propósito alguno en contemplar lo que no
incluye felicidad y experiencia. Cuando un hombre ya no es capaz
de visualizar felicidad como parte de su futuro, ese hombre está
muerto. Él se ha convertido en nada más que en un
robot animado, sin entendimiento, sin humanidad, perfectamente disponible
entonces, a fabricar mísiles de tal detonación que pudiese
eliminar a toda una civilización, y que la felicidad de todos
pudiera ser destruida con la experiencia de la radiación:
una experiencia que se pudiera considerar digerible por una pila
atómica, pero no por un ser humano. Entonces, en lo que nos
alejamos de los conceptos de libertad, nos alejamos hacia la oscuridad
en donde el deseo, el temor y la brutalidad, de uno o de pocos,
no importa qué tan bien educados, podría pues eliminar
todo por lo que se ha trabajado, todo lo que hemos deseado. Esto
es lo que pasa cuando las máquinas operan a su antojo y cuando
el hombre se convierte en una máquina y opera a su antojo.
El hombre sólo puede convertirse en una máquina cuando
no es capaz de entender su propio ser y ha perdido el contacto con
éste. Entonces es de gran importancia que entendamos algo
sobre la mente, que entendamos que somos la mente, que no somos
máquinas, y que es de gran importancia que el hombre obtenga
de inmediato un mayor nivel de libertad, en donde la reacción
a la destrucción de la máquina pueda ser controlada,
y en donde el hombre por sí mismo pueda disfrutar la felicidad
a la cual tiene derecho.
L. Ronald Hubbard
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